El invernadero solar ha proporcionado un sistema de cultivo productivo y rentable, favoreciendo el desarrollo de una agricultura sostenible y responsable en el sudeste español
En España, concretamente en el sudeste y, especialmente, en Almería y la costa granadina, está la mayor concentración de invernaderos de Europa. Lo que se conoce como el “Mar de plástico”. Bajo este “Mar” de más de 43.000 hectáreas de extensión se encuentra “la huerta de Europa”. Es la zona productora de frutas y hortalizas más importante del mundo. Gracias a ella, los 500 millones de ciudadanos europeos pueden tener en su cesta de la compra frutas y hortalizas los 365 días del año.
Gracias a los invernaderos del sur de España se pueden producir y comercializar frutas y hortalizas durante todo el año. Esto es muy importante porque, gracias a las estructuras invernadas, se puede abastecer de productos sanos durante todo el año los mercados de una población (la europea) que está muy preocupada por las enfermedades asociadas a la obesidad. Este tema es especialmente grave en el caso de los niños.
Los invernaderos son estructuras que protegen los cultivos. Gracias a las privilegiadas condiciones climatológicas de esta zona de producción ha sido posible un modelo de cultivo que permite contrarrestar las inclemencias de los vientos, pero también gracias a la innovación y el buen hacer de los agricultores, gozamos hoy en día de uno de los modelos de producción más eficientes y sostenibles del planeta.
Innovación para mejorar la sostenibilidad de nuestros cultivos
La sostenibilidad ambiental consiste en procurar realizar las actividades de producción, transformación y comercialización con el mínimo impacto posible, es decir siendo precisos en los consumos de agua, energía, generación de residuos…, además de tener presente siempre una actitud de mejora continua en el comportamiento ambiental.
El invernadero solar de Almería y Granada está a la vanguardia en el uso eficiente de recursos hídricos. Consume la mitad de agua que el resto de la agricultura española. Su huella hídrica per cápita es 20 veces menor que la media nacional.
En los invernaderos de la costa mediterránea, más del 95% de la energía que utilizan proviene exclusivamente del sol. Esta zona cuenta con más de 3.000 horas de sol al año, frente a los invernaderos de otras zonas productoras, de latitudes más frías, cuya fuente de energía para cultivar es la calefacción, por lo que son menos sostenibles, medioambientalmente hablando.
Los invernaderos ocupan un 3,4% de esta zona productora del sur de España, y generan un 40% del PIB, mientras que el 49,7% son espacios protegidos, por lo que este sistema de cultivo permite ahorrar 4/5 partes de suelo.
El cultivo solar comprometido con el medio ambiente
Son muchos los hitos que se han conseguido con este modelo de producción, como es el caso de la técnica del blanqueado de los invernaderos, que ha llevado a un efecto de disminución de la temperatura en la zona por reflexión de las radiaciones solares, conocido como “efecto Albedo”, y que, hoy día, es motivo de estudio en universidades de California.
Por otro lado, se ha constatado que los invernaderos actúan como sumidero de CO2. Cada hectárea de invernadero absorbe la emisión diaria de ocho coches, la mitad del parque de vehículos de Almería.
Otro de los factores de gran importancia en el terreno de la protección del medio ambiente en cualquier sistema de producción son los residuos. De este modo, en el caso de los plásticos, el 100% son reciclados una vez que son desechados del invernadero. Por otro lado, la otra fuente de posibles residuos, los restos vegetales, también han encontrado (gracias a los esfuerzos e inversión en innovación) una utilidad como subproductos para la producción de energía renovable y que es reutilizada como compost vegetal en el invernadero.
Una década de control biológico
El sector hortofrutícola bajo invernadero cumple una década desde la llamada ‘Revolución Verde’. Los cultivos bajo invernadero del Sureste español se caracterizan por ser innovadores y por su alta rentabilidad, pero también por haber sabido superar los retos que han ido apareciendo en cada momento. En el caso de la utilización de fitosanitarios para el control de plagas y enfermedades, el sector supo ser pionero en la puesta en marcha y gestión de programas de control integrado de plagas (CIP). Se trata de un sistema de control de los organismos que causan enfermedades a los cultivos usando para ello a sus depredadores naturales. Es una revolucionaria innovación que ha permitido evitar plagas, que no es contaminante y que obliga a la eliminación de fitosanitarios.
Este proceso ha convertido a los cultivos de invernadero del Sureste español en un referente a nivel mundial de la aplicación exitosa de las estrategias de Control Biológico de Plagas. También en la implantación de sistemas de gestión de calidad de productos, con exigentes sistemas de certificación de calidad, de estándares de producción integrada y sistemas de gestión medioambiental. Además, la agricultura del sudeste español es de las más transparentes gracias al 100% de implantación de la trazabilidad.
Modelo de integración social
El modelo de la agricultura almeriense y la costa de Granada es un ejemplo de éxito de la agricultura familiar y el sistema agrario más redistributivo del mundo, lo que ha permitido un gran reparto de la riqueza. Tienen una tasa superior al 50% de empresas cooperativas agrícolas. Además, el sector hortofrutícola proporciona trabajo mayoritariamente a personas en situación de riesgo de exclusión (mano de obra no cualificada y mujeres mayores de 45 años). En esta zona productora conviven más de 110 nacionalidades diferentes y casi el 30% de la población es extranjera y vive integrada a pesar de ser nuestra tierra la frontera más desigual del mundo, entre Europa y el Norte de África. Solo en Almería trabajan una media 31.545 trabajadores extranjeros. Según datos de alta en el SEA, esto supone el 62% sobre una media de campaña de 51.225 trabajadores totales (campaña 2015/16). En plena campaña (diciembre-enero) el nº de trabajadores extranjeros puede llegar a los 35.900 sobre un total de trabajadores de 56.100. La cifra de trabajadores extranjeros cuatriplica la media regional y casi triplica la nacional.